Más de tres millones de españoles corren el riesgo de sufrir degeneración macular asociada a la edad, la primera causa de ceguera legal
Agencias a lunes 06 de marzo de 2006
En la actualidad, unos 300.000 españoles han sido diagnosticados de esta enfermedad oftalmológica
Según la Sociedad Española de Oftalmología, la mitad de los pacientes con DMAE no recibe tratamiento
Para frenar la evolución de esta enfermedad, se acaba de introducir en Europa un nuevo medicamento capaz de detener su progresión y que, por primera vez, actúa de forma selectiva en la retina
Madrid, 28 de febrero de 2006. La degeneración macular asociada a la edad, más conocida como DMAE, es la enfermedad más común de las que afectan a la parte central de la retina (mácula). Los expertos estiman que el 29 por ciento de la población de edad superior a 55 años, más de tres millones de españoles, está en riesgo de padecer esta patología oftalmológica.
En la mayoría de los casos comienza desarrollándose en uno de los ojos para luego afectar a ambos y provoca que el enfermo tenga una visión tan limitada que le impide llevar a cabo actividades habituales como conducir, ver la televisión, leer o reconocer las caras.
En España, hay en la actualidad unos 300.000 afectados, lo que convierte a la DMAE en la primera causa de ceguera y de discapacidad visual severa. Suele aparecer a partir de los 55 años y un 40 por ciento de las personas diagnosticadas tiene en la actualidad más de 75. Esta patología, según la Organización Mundial de la Salud, triplicará su prevalencia en las próximas décadas como consecuencia del incremento de la longevidad.
A juicio del doctor Borja Corcóstegui, presidente de la Sociedad Española de Retina y Vítreo (SERV), "al principio, la DMAE puede no provocar síntomas y es el retinólogo el que la descubre, aunque, normalmente, el paciente acude a la consulta tras notar algo extraño al mirar objetos con formas rectas, que se suelen ver distorsionados o con una mancha central".
Los síntomas en las fases tempranas se caracterizan por una pérdida de visión central, que aparece borrosa o distorsionada, inicialmente en uno de los ojos. Los objetos pueden visionarse con un tamaño o forma inusual y desproporcionada.
"Todo empezó hace cuatro años cuando un buen día, mientras hacía la comida, empecé a ver los objetos deformes y ligeramente borrosos; desde entonces mi historia ha sido un largo camino no exento de problemas", afirma Ana Espadas, una mujer madrileña de 58 años a la que se le diagnosticó DMAE hace unos años.
Fundamental, la detección precoz
Los expertos recomiendan no bajar la guardia, ya que no suele afectar de manera significativa a la visión de la persona hasta que se ha producido un daño considerable. La mayoría de los pacientes con DMAE neovascular padecerá, tras los primeros síntomas, un crecimiento acelerado de nuevos vasos sanguíneos en el centro de la retina, lo que forma una cicatriz y destruye la visión central en un tiempo que puede variar de los dos meses a los tres años. Los enfermos sólo conservarán la visión periférica.
La detección precoz es vital en estos casos, particularmente en la forma más agresiva de DMAE (que se conoce como neovascular), en la que el tratamiento puede frenar la progresión de la enfermedad.
"La mayoría de los pacientes padece la forma menos grave, la seca o no-vascular, en la que se forman unos depósitos amarillos que no afectan de manera drástica a la visión, pero el resto tiene la forma más grave, que puede acabar con la visión central en cuestión de días o semanas", afirma el profesor Manuel Sánchez Salorio, ex-presidente consejero de la Sociedad Española de Oftalmología y actual director de la Fundación Instituto Gallego de Oftalmología.
"Al principio veía una mancha negra en el centro cada vez que miraba de frente, y notaba cómo crecía esta mancha a medida que esperaba mi tratamiento. Todavía recuerdo el nerviosismo y la ansiedad que padecí, hasta que por fin, me recibió un especialista", expone la afectada Ana Espadas.
La creación de vasos sanguíneos anormales provocada por la DMAE neovascular, que da lugar a derrames detrás de la retina, puede acabar dañando el tejido de forma irreversible y, una vez perdida la visión, no existe ningún tratamiento capaz de recuperarla.
Tratamiento esperanzador
La Sociedad Española de Oftalmología apunta que la mitad de los pacientes con DMAE de nuestro país no recibe ninguna terapia. El principal problema que encuentran los afectados en la consulta es que su enfermedad, por el momento, no tiene cura y los tratamientos que se han usado hasta ahora se dirigían a destruir los vasos anómalos ya formados y eran incapaces de regenerar la visión.
"Incluso los tratamientos más recientes que han permitido abordar la enfermedad cuando se encuentra en el centro de la retina (macula) no han logrado evitar la perdida importante de visión y la formación de cicatrices", afirma el doctor Jordi Monés, de la Unidad de Mácula del Instituto de Microcirugía Ocular (IMO), de Barcelona.
"Este es un problema social de primer orden, especialmente si se tiene en cuenta que los pacientes podemos quedarnos ciegos por no haber sido tratados adecuadamente", apunta Ana Espadas. No obstante, la esperanza se ha abierto a los pacientes que padecen la forma más agresiva, la que sufre Ana, y la responsable del 90 por ciento de los casos de ceguera legal en nuestro país.
Tras la reciente aprobación en Europa de un fármaco, pegaptanib, éste podría comenzar a considerarse como la terapia estándar para todas las formas que presentan los afectados de DMAE neovascular. Más de mil pacientes fueron evaluados en un trabajo, publicado en la revista científica New England Journal of Medicine, que llegó a la conclusión de que este medicamento muestra beneficios en el 70 por ciento de los pacientes tratados. El fármaco será comercializado en breve en nuestro país con el nombre de Macugen®. En EE.UU., lleva un año demostrando su eficacia y ha sido empleado en más de 50.000 pacientes.
"Estamos expectantes ante la aparición de tratamientos farmacológicos diana y selectivos, como éste, que impiden el anormal crecimiento de los vasos sanguíneos en la retina y son capaces de detener el proceso degenerativo de la enfermedad ya que superan las limitaciones de los existentes", dice el doctor Borja Corcóstegui.
"La aparición de los nuevos fármacos antiangiogénicos mediante los que se produce una inhibición de los neovasos sin destrucción de los tejidos circundantes supone abrir más expectativas, no sólo para evitar la pérdida de visión sino para obtener mejoría", apunta el doctor Monés.
Sobre la DMAE
La degeneración macular asociada a la edad o DMAE es la causa principal de la pérdida grave de visión (también conocida como ceguera legal) en personas con edad superior a los 50 años en el mundo occidental. Afecta por igual a mujeres que a hombres y, en el mundo, se dan unos 500.000 nuevos casos cada año.
La enfermedad causa el deterioro de la mácula, una región muy pequeña del ojo y la más sensible de la retina, responsable de la visión clara y central necesaria para actividades diarias como leer o conducir.
Cuando se deterioran las células sensibles a la luz en esta región del ojo, se produce una pérdida de visión central. Normalmente, empieza en un ojo y suele afectar al otro en etapas posteriores.
Existen dos tipos: la más leve, o forma seca, que también es la más frecuente y que en la actualidad no tiene tratamiento, y la forma más grave o neovascular, para la que pegabtanib (Macugen®) ha demostrado ser la primera opción de tratamiento.
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