La rubeola es una enfermedad vírica
exantemática (que produce una erupción) de la niñez que para el niño o adulto no reviste gravedad, pero si una mujer embarazada lo padece puede provocar en el
feto graves malformaciones congénitas.
La enfermedad, causada por la
infección por el
virus de la rubeola, aparece como un
síndrome gripal: malestar general,
febrícula o
fiebre de poca intensidad y ganglios dolorosos a los lados del cuello.
Si usted contrae la RUBEOLA durante el embarazo, corre el peligro de que su hijo nazca con un defecto, como, por ejemplo, una enfermedad cardiaca o la sordera. Y este riesgo crece si la tiene al principio del embarazo.
Si desea más información, consulte Rubeola en la GUÍA DE ENFERMEDADES de Canal Salud.
Si no adopta las precauciones descritas y tiene la RUBEOLA al principio del embarazo, le propondrán interrumpirlo, para eludir el riesgo casi cierto de alumbrar un hijo con trastornos graves.
Recuerde que las pruebas que le ofrezcan solo evidenciarán si el niño sufre ciertas deformidades congénitas; pero algunas, como el subdesarrollo mental y la sordera, no se descubren hasta meses después del nacimiento.
Si ha tenido la rubéola, o ha sido vacunada contra ella, es improbable que la sufra. Sin embargo, no confíe en la memoria de sus familiares; asegúrese de ello solicitando a su médico una prueba de sangre.
Si se descubre que no la ha tenido, le inmunizarán contra ella con una vacuna inyectable que le producirá una manifestación suave de la dolencia. Evite concebir durante los tres meses siguientes a la inyección porque, durante ese plazo, la enfermedad -aunque no virulenta- podría perjudicar al feto.
Cuando se declara en las primeras 4 semanas, más del 50% de los niños nacen con un trastorno importante.
Esa cifra se reduce al 8% en la 13ª semana, y disminuye sin cesar en adelante.
La clase de efecto depende de la fase de gestación en que está la madre en el instante de la infección.