Es el parto que ocurre bastante antes de la fecha esperada y da como resultado el nacimiento de un bebé pretérmino.
Se entiende como tal el que sea menor de 37 semanas de gestación.
Si el bebé está anormalmente delgado, pero nace a término, no se considera que se trate de un parto prematuro, sino que es resultado de crecimiento fetal retardado.
La preclampsia grave y la clampsia causan aproximadamente un tercio de todos los partos prematuros.
La presión sanguínea alta, placenta previa , hemorragia accidental y varias otras causas, probablemente explican parte del resto.
Una vez decidido que está en las fases iniciales del parto, el GINECÓLOGO le prescribirá una medicación para relajar los músculos del útero y retrasar el parto.
Si se decide que el parto siga adelante, probablemente le practicarán una episotomía para facilitar el paso de la cabeza del bebé.
También pondrán al niño en una incubadora para darle oxígeno, mantenerlo caliente y, si es necesario, alimentarlo mediante una sonda nasogástrica.
Aproximadamente el 5% de los embarazos terminan en un parto prematuro, y de la mitad de ellos aproximadamente se desconoce la causa.
Cuanto antes se produzca el nacimiento, tanto menores son las probabilidades de supervivencia del bebé prematuro.
Los hijos prematuros que sobreviven tienen peligro de padecer el
síndrome de dificultad respiratoria e
ictericia neonatal. Este riesgo aumenta cuanto más prematuro sea el parto.
En caso de notar que se está iniciando el parto prematuramente, póngase en contacto inmediato con el GINECÓLOGO.
Si éste no está disponible inmediatamente, disponga un transporte (o pida una ambulancia) para que la lleve al hospital en cuanto sea posible. Avise al hospital de que se pone en camino.
En el hospital la examinarán para ver si se ha iniciado el parto, porque se dan muchos casos de falsas alarmas.