Consiste en estimular fibras nerviosas de la piel mediante la aplicación de una corriente eléctrica muy suave.
Las recomendaciones basadas en la evidencia científica disponible no mencionan el TENS para el tratamiento del dolor de espalda.
Algunas de las recomendaciones basadas en la evidencia científica disponible determinan que el TENS no ha demostrado ser eficaz, mientras que otras, con información más actualizada, establece que los resultados disponibles no son concluyentes.
No se ha descrito ninguno.
Disminuir el dolor.
La percepción del dolor sólo es posible cuando se activan unas células concretas de la médula y su activación se transmite hasta el cerebro.
El TENS pretende impedir la activación de esas células nerviosas. Para ello aplica una corriente eléctrica demasiado suave como para excitar los nervios del dolor, pero suficientemente intensa para estimular otras terminaciones nerviosas de la piel -denominadas Ab-. Su estimulación activa unas células de la médula -llamadas "neuronas de la capa IV"- que liberan una sustancia -denominada "encefalina"-. Esta sustancia se fija a los nervios del dolor e impide que activen las células que perciben el dolor en la médula.
Si la corriente eléctrica es demasiado intensa excita también los nervios del dolor, lo que limita la intensidad del estímulo que el TENS puede aplicar.