Consiste en la desviación lateral de la columna vertebral.
En más del 90% de los casos de escoliosis, la desviación es de menos del 60º y no hay que hacer ningún tratamiento.
El ejercicio adecuado, adaptado por un médico a cada caso específico, suele ser suficiente para prevenirla o tratarla.
En los casos en los que la desviación progresa pese al ejercicio y la curvatura no es muy pronunciada, puede ser necesario un corsé. En esos casos, es necesario evitar la
atrofia muscular que conlleva el uso constante del corsé, por lo que hay que quitarlo con la periodicidad que presciba el médico para que el niño haga ejercicios o natación. El corsé no es útil para enderzar la columna, pero puede serlo para detener la progresión de su curvatura.
Cuando el corsé es incapaz de frenar la progresión de la desviación, puede ser necesaria la cirugía. La
cirugía puede disminuir los grados de curvatura y evitar que ésta progrese en el futuro. Afortunadamente es excepcional que sea necesaria. Cuando lo es, la técnica más habitual consiste en realizar una artrodesis y colocar después ganchos, placas o tornillos de metal que mantienen las vértebras tan alineadas como es posible.
Aunque para diagnosticar una
escoliosis suele ser suficiente observar al sujeto desde atrás con el torso desnudo, es necesario hacer una
radiografía para determinar con precisión los grados de curvatura.
El grado de curvatura puede aumentar durante el crecimiento, especialmente en las niñas. Por eso a los niños o adolescentes en los que se detecta una
escoliosis hay que hacerles radiografías periódicamente para vigilar su eventual progresión. En esos casos hay que valorar individualmente la periodicidad con la que se hacen las radiografías; tienen que ser lo más espaciadas posibles teniendo en cuenta el ritmo de progreso de la escoliosis, la edad y el sexo del niño.
Si la
escoliosis progresa hasta llegar a 60º o más, puede provocar dolor de espalda y necesitar
cirugía para su corrección. En casos extremos, en los que la desviación es todavía más pronunciada, puede causar problemas pulmonares o cardiocirculatorios por la deformación de la caja torácica.
Vista desde atrás una columna vertebral normal es recta, de forma que la espalda aparece simétrica. Cuando existe una escoliosis, la columna se ve curvada y se pueden observar uno o varios de estos signos:
- Una cadera más alta o abultada que la otra,
- Un
omóplato (o "paletilla") más alto o abultado que el otro,
- Un hombro más alto que el otro,
- La cabeza no está centrada con respecto a las caderas,
- De pie, con los brazos colgando, el espacio entre un brazo y el tronco es mayor a un lado que al otro,
- Al agacharse hacia adelante con las piernas estiradas hasta que la espalda quede horizontal, un lado está más alto o abultado que el otro.
La
escoliosis es una variante de la normalidad muy frecuente; aproximadamente el 70% de la población tiene cierto grado de escoliosis. Si la desviación de menos de 60º se puede considerar una variante de la normalidad, que no tiene por qué causar dolores ni requerir tratamiento. Si en esos casos aparece dolor, se debe a otras causas. Si la desviación es superior a 60º, sí puede causar dolores y se considera una alteración orgánica de la columna vertebral.
En más del 85% de los casos su causa es desconocida. Esos son los casos que se pueden considerar como patología mecánica del raquis. En el resto de los casos se debe a defectos de la formación de la columna vertebral durante la vida embrionaria o es un signo que acompaña otras enfermedades generales, como la
distrofia muscular o el
Síndrome de Marfan.