Una vez que se ha padecido un episodio de dolor de espalda, tienen mayor riesgo de que el dolor dure más y reaparezca con mayor facilidad aquellas personas que adoptan una actitud evasiva ante él. Esta actitud se caracteriza por:
- Creer equivocadamente que el dolor es el resultado de una lesión de la estructura de la columna vertebral.
- Reducir la actividad física -e incluso abandonar el trabajo- por miedo al dolor.
- Adoptar una actitud catastrofista ante el futuro; creer que el dolor va a limitar la calidad de vida eternamente.
- Abusar de los medicamentos, especialmente de los calmantes.
A la inversa, entre los que se enfrentan al dolor los síntomas duran menos y es menos probable que reaparezcan. Esta actitud implica:
- Saber que el dolor no suele reflejar la existencia de una lesión, sino sólo un malfuncionamiento de la musculatura.
- Mantenerse lo más activo posible y seguir trabajando, y evitar tan sólo lo que el dolor impide hacer.
- Asumir que el dolor tiende a mejorar con el tiempo y que en los casos en los que esto no ocurre es posible adaptarse a él sin necesidad de renunciar a casi nada.
- No tomar medicamentos, o hacerlo sólo excepcional y transitoriamente si las molestias empeoran.