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Parkinson

Gemma Martín a jueves 01 de junio de 2006

parkinson La mejora en la identificación de los síntomas de deterioro de fin de dosis, el diagnostico precoz de los mismos y la optimización de la terapia farmacológica para tratarlos, se han convertido en una prioridad para los neurólogos españoles. Así al menos se puso de manifiesto en el encuentro sobre Parkinson para especialistas en Neurología, que se celebró en Alicante

La enfermedad de Parkinson (EP) es una enfermedad crónica, progresiva e invalidante que habitualmente conlleva, en estado avanzado, un notable deterioro en las personas afectadas. El diagnóstico de la EP se continua haciendo en base al reconocimiento de los síntomas, puesto que todavía no existen pruebas de laboratorio ni de imagen que confirmen la enfermedad. Los síntomas característicos son el temblor de las extremidades, la rigidez e hipertonía muscular y la bradicinesia (lentitud o dificultad de movimientos).

  La levodopa, substancia que en el cerebro se transforma en dopamina, cuyo déficit es el causante de la enfermedad, es el tratamiento sintomático más eficaz y más ampliamente utilizado para la EP y el patrón terapéutico en esta enfermedad desde hace casi 40 años. Sin embargo, después de varios años de tratamiento con levodopa, los pacientes suelen experimentar problemas en el control de los síntomas motores (temblores, rigidez muscular, hipocinesia o problemas de coordinación del movimiento, entre otros): los síntomas de la EP comienzan a reaparecer antes de la toma de la siguiente dosis del medicamento, lo que recibe el nombre de “deterioro de fin de dosis” o “wearing-off”. Datos epidemiológicos demuestran que es posible reducir el “wearing-off” y conseguir un mejor control de los síntomas mediante la optimización de la terapia farmacológica. 

  Durante el encuentro los neurólogos coincidieron en que la detección del deterioro de fin de dosis y el inicio temprano del tratamiento farmacológico retrasan la reaparición de estos síntomas en la EP. “Este fenómeno del “wearing-off” o ‘deterioro fin de dosis’  es uno de los problemas más frecuentes entre los pacientes de Parkinson que utilizan levodopa como tratamiento farmacológico, y consiste en la reaparición de los síntomas de la enfermedad cuando finaliza el efecto de la dosis y antes de la siguiente toma”, explica el doctor Gurutz Linazasoro, especialista del Servicio de Neurología de la Policlínica Guipúzcoa, de San Sebastián, y uno de los ponentes del curso, junto al doctor Carlos Leiva, Jefe del Servicio de Neurología del Hospital General Universitario de Alicante.


   Controlar los síntomas



Por ello, a juicio de Gurutz Linazasoro, es tan importante identificar los síntomas del ‘deterioro fin de dosis’. Estos síntomas son principalmente complicaciones motoras, como el aumento del temblor y la rigidez de las extremidades, que aparecen siempre antes de la toma de la siguiente dosis de levodopa  y que indican la necesidad de optimizar la terapia farmacológica.

  Pero en períodos de “wearing-off” también pueden reaparecer algunos de los síntomas no motores del Parkinson, como las alteraciones del sueño, la ansiedad, las alteraciones cognitivas y las oscilaciones del estado anímico.

  No obstante, tal y como asegura el doctor Linazasoro, es posible superar estas limitaciones terapéuticas y lograr un adecuado control de la enfermedad, asociando levodopa con otros medicamentos que aumentan la duración de la acción de este fármaco y reducen los síntomas del “wearing-off”.  En este sentido, Gurutz Linazasoro destaca los beneficios de Stalevo, un medicamento que combina la levodopa, la carbidopa y la entacapona, y que ha demostrado disminuir los síntomas motores, a la vez  que contribuye a mejorar la calidad de vida de los pacientes con Parkinson.

  Además, este especialista explica las ventajas de utilizar esta combinación de fármacos en las fases más tempranas de la enfermedad. “Aunque todavía se encuentran en una etapa inicial de estudio, ya existen evidencias que muestran que el fármaco compuesto por levodopa, carbidopa y entacapona, puede retrasar la aparición de complicaciones motoras y mejorar el pronóstico de la enfermedad, si se usa como tratamiento inicial en las primeras fases del Parkinson”.


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