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Enfermedad de Alzheimer

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Incidencia, curso y pronóstico

hombre de mediana edad
En los primeros estadios de la enfermedad, quienes la padecen se sienten inseguros, preocupados y con miedo debido a la pérdida de sus habilidades mentales. En este momento y siempre durante el curso de la enfermedad, es importante ayudar a entender al paciente y a sus familiares su demencia desde todos los puntos de vista posibles (físico, psicológico y familiar).

La mayoría de las personas que sufren este trastorno vive de siete a diez años después de diagnosticarle la enfermedad ya sea en sus casas o bajo régimen hospitalario.

El trastorno afecta y transcurre de forma diferente de un individuo a otro, pudiendo variar la cantidad y el tipo de asistencia que requiere cada persona en función de las necesidades y el momento. Es fundamental que las personas que convivan con algún paciente que sufre esta enfermedad, sepan bien cómo se desarrolla la misma.

Signos y síntomas

En el último estadio podemos encontrar un deterioro intelectual intenso con marcadas dificultades práxicas y agravación de la sintomatología motora.

La memoria y la orientación se muestran defectuosas; las agnosias visuales (no reconocer objetos) se hacen muy ostensibles. Por otro lado, el lenguaje se reduce y pueden aparecer distintas tendencias a repetir palabras, la última sílaba o la frase.

La sintomatología motora se convierte en una hipertonía generalizada que consiste en reflejos primitivos como los de prensión, de succión y peribucal.

Consejos útiles para los familiares

El Alzheimer es una enfermedad que suele confundir y frustrar a las personas que cuidan de estos afectados. Puede haber días buenos cuando el enfermo se siente capaz de funcionar sin ayuda de nadie. Y por otro lado, días malos cuando el paciente no se puede valer de forma autónoma. Es beneficioso involucrar a los pacientes en tareas rutinarias que ayuden a estructurar y organizar sus vidas. Con estos trabajos se sienten útiles, lo cual aumenta su autoestima y su dignidad y dando sentido a sus vidas.

En este trastorno las personas pierden la iniciativa para realizar tareas, por ello el cuidador o persona responsable debe iniciar las actividades y dejar que sea él quien lo termine.

La persona responsable del cuidado del enfermo puede ayudarle proporcionando "pistas" que indiquen la acción que debe realizar.

Intente simplificar las actividades diarias.

La duración de las tareas no debe exceder de 20 ó 30 minutos.

Si observa que el enfermo se distrae, siente frustración o se enfada, cambie de actividad.

El nivel de las actividades debe ser adulto mientras se pueda, a partir de ahí, los dibujos y libros infantiles pueden ser de gran utilidad.

La elección de tareas es muy importante; antes de organizar un plan hay que tener en cuenta las siguientes consideraciones:
  • ¿Qué tipo de habilidades tiene el enfermo?
  • ¿Con qué actividades disfruta?
  • ¿Realiza tareas sin que nadie se lo proponga?
  • ¿Tiene problemas físicos?
A partir de aquí puede estructurar un programa diario, parecido al siguiente:

Actividades matutinas:
  • Ducharse, lavarse los dientes y vestirse.
  • Preparar y tomar el desayuno.
  • Comentar el periódico o fotos antiguas.
Actividades a medio día:
  • Preparar y tomar la comida.
  • Recoger y lavar los platos.
  • Escuchar música, leer el correo, hacer un puzzle o pasatiempos.
  • Dar un paseo.
Actividades tarde-noche:
  • Preparar y tomar la cena. Recoger.
  • Jugar a las cartas o ver una película.
  • Leer un libro o una revista.


¿Qué hacer cuando el paciente experimenta un periodo de agitación?

Aunque cada caso puede ser diferente podemos ver una serie de factores que son de gran ayuda cuando un enfermo experimenta un periodo de agitación.

La memoria y la orientación se muestran defectuosas; las agnosias visuales (no reconocer objetos) se hacen muy ostensibles. Por otro lado, el lenguaje se reduce y pueden aparecer distintas tendencias a repetir palabras, la última sílaba o la frase.

Revisar todos los estímulos o acontecimientos que rodean al paciente en el momento de agitación, ya que muchas veces estos factores se repiten y es útil conocerlos para intentar en la medida de lo posible, evitarlos en un futuro.

Reducir toda actividad y estimulación que rodee a la persona, sentándola y distrayéndola con cualquier tarea interesante mientras escucha música suave.

Disminuir la cantidad ingerida de cafeína, darle algo de comer e incluso abrazarla en los malos momentos puede ser beneficioso en determinadas ocasiones.
 

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